La semana pasada asistí a una Jornada, organizada por el Consejo de la Mujer, sobre Género y Discapacidad.
En primer lugar tengo que felicitar al Consejo por esta iniciativa, ya que si las personas con alguna discapacidad tienen más problemas que el resto, no es menos cierto que las mujeres con discapacidad, lo tienen aún más difícil.
Me parecen fundamentales este tipo de iniciativas, porque si ser mujer implica, en muchas ocasiones, sufrir algún tipo de discriminación. Ser mujer y tener alguna discapacidad, supone una doble discriminación y es necesario darlo a conocer a toda la sociedad, para poner las pautas necesarias, de manera que se corrijan estas desigualdades, más injustas si cabe, que otras.
Las mujeres que sufren algún tipo de discapacidad se enfrentan continuamente a mayores cotas de desempleo, salarios inferiores, menor acceso a los servicios de salud, mayores carencias educativas, escaso o nulo acceso a los programas y servicios dirigidos a las mujeres en general, mayor riesgo de padecer situaciones de violencia y todo tipo de abusos.
Así como las mujeres con discapacidad soportan, aún con más crudeza, que los varones con discapacidad, la persistencia de prejuicios, estereotipos e ideas recibidas, generalizadas en todos los ámbitos, que distorsionan la imagen social de este grupo.
Hoy en pleno siglo XXI las personas con discapacidad son ciudadanos de pleno derecho, pero necesitan el apoyo de toda la sociedad, para lo cual es necesario que se eliminen todas las barreras para su inclusión en la sociedad. Y no solamente las barreras arquitectónicas, que quizás son las más fáciles de eliminar, ya que solamente necesitan de unas obras.
Hablo de las otras barreras. Las mentales, es decir, las barreras que nos auto imponemos, los dichosos prejuicios, y que nos hacen NO ver que estas personas son tan iguales como los demás y que tienen los mismos derechos que los demás y que deben estar plenamente integrados en la sociedad, al igual que el resto.
Además si pensáramos que TODOS, estamos sujetos a padecer en algún momento de nuestra vida alguna discapacidad, seguramente lo veríamos con otros ojos. Por lo tanto, dejemos de mirarnos el ombligo y cambiemos nuestra mentalidad. Abramos nuestra mente.
La vida de las personas tiene el mismo valor y por lo tanto las discapacidades de cada ser humano no tiene porqué significar diferencias, ni establecer categorías, sino que deben entenderse como una de tantas manifestaciones de la diversidad humana. Así quedó plasmado en el 2º Manifiesto de los derechos de las Mujeres y las Niñas con discapacidad. De la Unión Europea, adoptado en mayo de 2011.
Matilde Ruiz
Diputada y Secretaria de la Mujer del PRC
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