La situación de crisis económica, hace todavía más visible la precariedad laboral y económica de las mujeres. La autoridades europeas declaran que " La igualdad no solamente es una cuestión de equidad sino de eficiencia económica", como quedó de manifiesto en la Estrategia de Lisboa.
A pesar de todo, la tasa de empleo de las mujeres sigue siendo mayor que la masculina. Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa, son reveladores.
Las mujeres registran mayores tasas de temporalidad, de contratos a tiempo parcial y los menores salarios van asociados al subempleo de las mujeres.
La diferencia salarial entre hombres y mujeres en puestos de alta cualificación es de un 31% y en los sectores de agricultura, industria, construcción y ramas industriales, la brecha salarial puede llegar hasta el 40%.
Las mujeres son mayoría, entre todas las categorías más desprotegidas de personas desempleadas, y la situación de crisis agrava este fenómeno.
Pero, ¿Por qué las mujeres son un grupo vulnerable?, ¿No tienen formación?, ¿No han demostrado sobradamente su capacidad?. Pues no, este no es el problema.
Hoy en día la formación de las mujeres está fuera de toda sospecha, los datos están ahí. Tenemos una población femenina altamente formada, cuyo capital humano se despilfarra en precariedad y desempleo, fenómenos que lastran el funcionamiento del mercado de trabajo y merman la productividad.
Algo fundamental en cualquier Gobierno es que, si las políticas de empleo deben ser trasversales, también las políticas de género. Y cada una de las actuaciones que se planteen, deben tener en cuenta el impacto de género.
Y no por capricho, simplemente porque todavía no se ha alcanzado la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.
La igualdad entre mujeres y hombres, no se consigue presumiendo de gobierno paritario, sino con acciones concretas y medidas y programas que faciliten un cambio en la sociedad, para garantizar la igualdad de todas las personas.
La pobreza es femenina, la mano de obra barata está compuesta por mujeres, las que trabajan gratis son mujeres, las precarias, las mal pagadas son mujeres.
Estar por la igualdad, la libertad, las oportunidades de las mujeres exige un cambio de las estructuras sociales, culturales y económicas.
No podemos seguir aceptando que las mujeres asuman una cantidad cada vez mayor de trabajo no remunerado de cuidados, generalmente a costa de su salud y siempre a costa de sus propios potenciales.
No podemos esperar que sean siempre las mujeres, "las heroínas de la vida cotidiana", brindando la última red de seguridad para la familia y la comunidad cuando fracasan todas las otras formas de seguridad social.
Las repercusiones directas de los recortes del presupuesto público y de los gastos sociales, se intensifica en el trabajo o remunerado y se agrava la feminización de la pobreza y específicamente en los colectivos de riesgo como las viudas, o las familias monoparentales con cabeza de familia femenina.
La apuesta por la igualdad no solamente es posible sino altamente rentable. De hecho los países que más han apostado por la igualdad, como los países nórdicos, han mejorado la competitividad de sus economías.
La igualdad lejos de ser algo costoso, es necesaria para el desarrollo sostenible.
Matilde Ruiz
Diputada y Secretaria de la Mujer del PRC
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