Rafa de la Sierra

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La Quinta Columna

 "Una nación puede sobrevivir a sus locos y hasta a sus ambiciosos; pero no puede sobrevivir a la traición desde dentro".
Marco Tulio Cicerón

setiembre 2009

En el año 2003 se produjo un acuerdo entre el Partido Regionalista y el Partido Socialista de Cantabria para cambiar los objetivos y la forma de gobernar en nuestra región. Ambos partidos políticos, con planteamientos muy diferentes en algunos temas, fueron capaces de establecer un acuerdo, un pacto de gobierno, con unos objetivos y compromisos comunes, que se consideraban muy necesarios para Cantabria en esa coyuntura.

Con ello se inició un cambio sustancial en la forma de entender y de practicar el Gobierno y la Administración de esta Comunidad Autónoma. Y se establecieron unos objetivos básicos y fundamentales que constituían la base y el fundamento del acuerdo político, y que eran el resultado de exigencias y de renuncias mutuas. Exigencias, impuestas por los principios fundamentales de ambos partidos; y renuncias, que eran el requisito imprescindible para conseguir el pacto.

Los objetivos comunes se concretaron en: una política social decidida y avanzada; un crecimiento económico estable, equilibrado y sostenible;  mejora de la calidad de nuestra democracia profundizando en los valores que deben presidir la actuación política; garantía de servicios públicos de calidad para todos; y aumento de la seguridad ciudadana, laboral, sanitaria y social. Con todo ello, equiparar a Cantabria a las sociedades europeas más avanzadas.

El Pacto, por lo que se refiere a la puesta en marcha de las políticas públicas, ha resultado un éxito sin paliativos. Y la sociedad de Cantabria, los hombres y mujeres de nuestra Comunidad Autónoma, lo han percibido, sin duda; hasta el punto de que, en las últimas elecciones regionales, los votos recibidos por los Partidos Políticos que forman el Gobierno de Cantabria aumentaron de forma sustancial, así como su representación en el Parlamento de Cantabria.

A este éxito conjunto ha contribuido sin duda la lealtad en el seno del Gobierno, donde apenas ha trascendido ningún enfrentamiento o divergencia sustancial entre los Consejeros, a pesar de haber tenido que realizar cinco presupuestos regionales consecutivos, a veces en circunstancias verdaderamente complicadas y difíciles.

Ha sido fundamental también la lealtad y la coordinación de los grupos parlamentarios, que han evitado las discrepancias públicas  respecto al apoyo al Gobierno y a sus proyectos y Presupuestos, de manera que podemos decir que la estabilidad, la tranquilidad, la normalidad y la lealtad han sido norma en el debate político parlamentario, una excepción en la turbulenta historia política de nuestra región.

También ha sido leal, tranquila y coordinada la relación entre ambos Partidos Políticos. Y ello a pesar de que, por razones no muy bien explicadas, el éxito electoral no ha sido equivalente en la última coyuntura electoral. Pero el convencimiento de actuar correctamente, la convicción de defender los auténticos intereses de Cantabria y el empeño común en los objetivos del Acuerdo de Gobierno han sido capaces de superar recelos y frustraciones. Hemos sabido separar lo importante de lo contingente, con un ejercicio de responsabilidad y de generosidad que está en la base y en el fundamento del éxito en el Gobierno.

Junto a ello, ha habido problemas, fundamentalmente derivados del traslado del Pacto Regional a los Municipios de Cantabria. Problemas que, en  este momento, parece que se han recrudecido y han cobrado una singular relevancia mediática

A este respecto, sabíamos y sabemos que el traslado del Pacto Regional PRC-PSOE a los Ayuntamientos no es fácil, porque en la vida municipal tienen especial importancia, muy frecuentemente, relaciones personales, intereses, enfrentamientos e, incluso, relaciones familiares y vecinales que poco tienen que ver con el posicionamiento político. Y también, en el caso del PRC, porque los propios Estatutos del Partido permiten un alto grado de autonomía a los Comités Locales.

Pero, aun así, el Pacto ha funcionado también de forma razonable en los Ayuntamientos. La mayoría de nuestros representantes locales han actuado de forma responsable. Y, en muchos casos, los cargos políticos regionales han sabido apaciguar problemas y enfrentamientos muy problemáticos. Sin éxito, es cierto, en algunos casos; pero también con acuerdo en otros muchos.

Por eso es triste ver cómo, desde personas y grupos supuestamente cercanos, parece que se anhela, y desde luego se promueve, la desestabilización política del Pacto de Gobierno, se agrandan y magnifican las circunstancias más negativas, se fomenta el enfrentamiento y el revanchismo. Y se utiliza la crítica destructiva e inmotivada, la actitud envidiosa y cicatera, la triste visión del detalle, de la anécdota, que ignora el conjunto.

Un buen (un mal) ejemplo de esta nueva (vieja) actitud política es el artículo de opinión del 26 de noviembre, publicado por un relevante miembro del propio PSOE, nuestro socio de gobierno, que se suma a otras actitudes similares, repetidas  en varios ámbitos. Un artículo que rezuma hostilidad hacia sus propios compañeros, agresividad hacia el Pacto de Gobierno PRC-PSOE y descalificación hacia el socio de gobierno, hacia el coaligado. Bien pudiera parecer que las energías que debiera dedicar a la saludable y necesaria su labor política se destinaran a fomentar la oposición a sus propios compañeros de Gobierno.

Y así,  evitando arrimar el hombro y echando arena en el engranaje, es como desde dentro se van intentando minar los objetivos, los proyectos, la unidad del equipo, la fortaleza en el empeño, la ilusión de los resultados. Y, con una dedicación digna de mejor causa, se introducen públicamente dudas, inmotivadas y en general injustas, sobre los resultados de la actuación de los propios compañeros.

Los motivos son bien claros: se enfocan los problemas y las opiniones desde el punto de vista de los intereses personales o de grupo político; y se dejan de lado los intereses del conjunto y, más aún, los intereses de Cantabria. Parece que los grandes objetivos, y los indudables éxitos del Gobierno conjunto, debiera decir del Gobierno propio, resultan insignificantes y despreciables ante la relevante trascendencia de la lucha partidaria; o, mejor aún, del enfrentamiento fratricida.

No sé si tendrá algo que ver, pero se me viene ahora a la memoria la continuación de la frase de Cicerón que encabeza este escrito: "Un enemigo que se presente frente a los muros de la ciudad es menos formidable, porque se da a conocer y lleva sus estandartes en alto; pero el traidor se mueve libremente dentro de los muros, propaga rumores por las calles, escucha en los mismos salones oficiales; y habla con un acento familiar a sus víctimas, tiene un rostro parecido y viste sus mismas ropas, apelando a los bajos instintos que hay ocultos en el corazón de todos los hombres".

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