En un hogar cualquiera, de una localidad cualquiera, un padre le está enseñando a su joven hijo un libro sobre arte y los tesoros legados por nuestros antepasados. Hablan de las civilizaciones más antiguas y su forma de vida en las cuevas.
El padre comenta:
En Cantabria, en un municipio bellísimo que conserva su sabor medieval llamado Santillana del Mar, se encuentra la que es considerada como obra maestra o Capilla Sixtina del arte rupestre. Las Cuevas de Altamira, que así se denominan, contienen un conjunto de los elementos pictóricos más importantes de la prehistoria.
Se habla de que fueron realizadas alrededor del año 14.500 a.c.
- ¿Son tan bellas las pinturas?
- Son excelentes, los antiguos expresaron en ellas escenas de caza y animales con una maestría tal que el gran pintor del siglo XX Picasso, después de verlas exclamó: "después de Altamira, todo parece decadente"
- Me gustaría ver esas pinturas.
- Desgraciadamente es imposible, hace unos cuantos años que se cerraron al público porque los científicos dijeron que se estaban deteriorando.
- ¿Deteriorando después de 14.500 años?
- Sí, eso dijeron
- ¿Y nadie las puede ver?
- Sólo los científicos que se encargan de su protección
- ¿Y cómo sabemos que las pinturas siguen allí?
- Bueno ellos se encargan de cuidarlas
- ¿Y para qué queremos unas pinturas que son obras maestras y patrimonio de la humanidad, si nadie las puede ver?
- Pues.....
Ya me perdonarán los científicos si en algo puede molestarles ésta pequeña reflexión totalmente inventada. Es una reflexión realizada por un profano en las cuestiones científicas de mediciones con espectrofotometrías, mediciones de Carbono 14, análisis microbiológicos, mediciones de gases y humedades, etc, etc. Sólo es una reflexión de, y no pretendo ser vanidoso, una persona experta y estudiosa del conocimiento humano y de las relaciones entre personas, una sencilla persona que también se plantea lo de nuestro personaje, ¿de qué nos valen los tesoros si están ocultos y nadie los puede admirar y disfrutar?
Estoy seguro que los científicos y los avances tecnológicos nos pueden proporcionar una alternativa para que al menos, un pequeño número de personas, pueda disfrutar cada día de aquello que, ojalá pudiera disfrutar toda la humanidad.
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