Normalmente esta frase va precedida en muchos actos, de dos palabras que nos indican claramente que debemos mantener el silencio por respeto y que son, "se ruega". Esto nos indica que el silencio se solicita, no que se imponga. No nos transmite ninguna idea de autoritarismo, sino simplemente de convivencia.
Lo malo es cuando ese silencio se impone y además por la fuerza. Lo malo es cuando se trata no de actos o teatros, sino de una actuación real y sobre el terreno, y los espectadores en lugar de ser tales, se convierten en víctimas sin ninguna capacidad de acción o reacción. Y esto es lo que en mi opinión, ha ocurrido hace unos días en el Sáhara Occidental.
Hace dos semanas, Marruecos decidió poner en marcha una acción, violenta y desproporcionada hacia la población saharaui que se había establecido en un campo cerca de El Aaiún, para poner fin a lo que según ellos, representaba una amenaza violenta hacia Marruecos, ya que se habían refugiado allí terroristas e insurgentes islamistas. Para desarrollar ésta tremenda represalia hacia los saharauis y para proceder a la destrucción total y desmantelamiento del campamento, los marroquíes han "impuesto la ley del silencio" sin ningún pudor y sin que les importe lo más mínimo lo que la comunidad internacional pueda pensar sobre ello. Han sumido en el silencio al pueblo saharaui, a la prensa extranjera y a los medios de difusión. Han expulsado de allí a periodistas españoles que intentaron ver lo que había ocurrido y contárnoslo al resto del mundo, han impedido la entrada de otros muchos periodistas y han impedido igualmente la entrada de parlamentarios vascos. En fin que se han asegurado de que nada de lo que haya ocurrido allí, pudiera ser visto, oído, ni contado por nadie, y que por tanto no se haya podido difundir al resto del mundo.
Nadie que no sean los propios marroquíes puede saber a ciencia cierta qué ha pasado, cómo ha pasado y cuáles son las consecuencias en dolor y sufrimiento humano de esta acción. El gobierno y los medios de comunicación de Marruecos no han permitido que ninguna voz que no sea la suya, sea escuchada fuera de sus fronteras. Hablan de que ellos han sido las víctimas, hablan de que sus soldados entraron en el campamento sin armas, y que sólo ellos son los que han sufrido las agresiones del pueblo saharaui. Hablan y comunican lo que ellos quieren que creamos, pero no permiten que nadie que no sean ellos, pueda verificar y comprobar la certeza de sus declaraciones. Hablan en un monólogo con un único punto de vista, e imponen el silencio a la otra parte, la verdaderamente afectada, la parte que viene sufriendo y callando desde hace más de tres décadas, la parte débil que no tiene medios de defensa, la parte que todos sabemos, es la que está debajo de la bota del más fuerte. Y cuando alguien actúa de esta manera, solo puede tener una explicación razonable, la de que no han hecho las cosas como ellos dicen, la de que ha habido violencia que no quieren contar y la de que quieren imponer al pueblo saharaui una especie de mordaza y evitar que como tal pueblo puedan decidir su propio destino.
Y mientras tanto aquí en España ¿qué ha ocurrido?. Pues que mientras unos cuantos periodistas se han jugado su integridad personal y su vida consiguiendo llegar a El Aaiún, aunque fueron expulsados de inmediato de allí, el gobierno ha mirado hacia otro lado, y no ha hecho nada, ni para impedir que nuestros periodistas fueran expulsados y pudieran ejercer su derecho a la información, ni para impedir esa tremenda agresión a los derechos y libertades humanas de los miles de personas que vivían en el asentamiento, ni del pueblo saharaui en general. Una pasividad o falta de interés que resulta incomprensible desde cualquier punto de vista que se analice.
El Sáhara Occidental fue en su día una colonia española, que luego incluso fue provincia con representantes de aquella tierra en las viejas Cortes Generales de los tiempos de Franco. Ellos y nosotros, y nosotros con ellos hemos convivido durante muchísimos años y por ello les debemos nuestra ayuda y solidaridad, por encima de cualquier otra cosa. Debemos defender sin dudas ni vacilaciones al Sáhara y al pueblo saharaui, y lo debemos hacer porque hasta no hace tanto formaban parte de nosotros.
Dice precisamente una sentencia árabe: "el hombre no puede saltar fuera de su sombra". Y yo añadiría que los países y los gobiernos tampoco pueden hacerlo.
España tiene una responsabilidad y una obligación para con el pueblo al que dejó abandonado a su suerte, mejor dicho abandonado a las ambiciones de sus vecinos, hace 35 años. Se hizo mal, muy mal y en todos estos años tampoco nos hemos preocupado mucho de corregir aquél error. Pero ahora hemos dado un paso más, callando y haciendo oídos sordos a una agresión en toda regla a un pueblo y a sus derechos y libertades, y en mi opinión creo que es un fallo tremendamente grave. Debemos apoyar, ayudar y dar todo nuestro respaldo al pueblo saharaui, aunque solo sea para transmitirles que somos conscientes de que lo hicimos mal en su día. Pero con la actuación del gobierno en éste asunto, lo único que estamos consiguiendo es que los saharauis nos consideren cada día peor amigos y alguien de quien no pueden fiarse.
No debemos consentir ni la acción del gobierno marroquí desmantelando con su ejército un asentamiento de civiles indefensos, ni la imposición del silencio para que nadie sepa la verdad de lo ocurrido, ni la expulsión de nuestros periodistas, ni los continuos desprecios y engaños que viene haciendo Marruecos con España desde hace ya mucho tiempo.
España debe ponerse de una vez y para siempre en el lugar que le corresponde, y exigir ante los organismos internacionales que se aclaren los hechos, que se investiguen a fondo y se permita a la prensa internacional informar de lo que allí ha ocurrido. España debe exigir que el pueblo saharaui tenga derecho a disfrutar de sus derechos y libertades, tenga medios para poder hablar y exponer sus argumentos, y sobre todo tenga la capacidad de poder decidir su futuro en libertad y en paz. No debemos permitir que nuestro vecino, por muchos intereses que nos unan y sean necesario salvaguardar, nos siga engañando y despreciando, mientras se ríe a nuestra costa y alaba sin ningún pudor a nuestros otros vecinos, los franceses. La postura de Marruecos es hipócrita y cínica y el gobierno español, si lo consiente y no lo denuncia, se convertirá en cómplice. Y España no debe ser nunca cómplice de un atropello a un pueblo y a los derechos y libertades de sus habitantes, y menos aún si se trata del Sáhara Occidental y del pueblo saharaui. Basta ya de contemplaciones para quien nos toma el pelo con silencios y mentiras. Basta ya de palabras y diplomacia sin sentido que no nos conduce a nada. Basta ya de ser condescendiente con alguien que, en cuanto tiene la más mínima oportunidad, nos da la espalda y nos ignora sin pudor.
Como dijo Chesterton: "yo no creo en un destino que corresponda a que los hombres actúen como actúan, pero sí creo en un destino que corresponde a menos que ellos actúen". Efectivamente, tiene toda la razón y yo apostillo, si no actuamos como debemos hacerlo, el destino del pueblo saharaui no va a ser un buen destino. Será un destino de exilio, destierro, sufrimiento, pérdida de su identidad, y pérdida de cualquier expectativa de futuro. ¿Vamos a consentir eso?. Rotundamente no.
2 comentarios
expresas con palabras maravillosas el sentir de muchas españolas. ! ojala todos los politicos sintieran como tu!
Estoy totalmente de acuerdo contigo Javier, creo que ningún gobierno español se ha tomado en serio el problema del Sáhara en beneficio de las relaciones con Marruecos y ése es uno de los mayores problemas. Marruecos ni tan siquiera nos reconoce como un actor principal del conflicto. EEUU y Francia son los únicos países que podrían hacer algo en estos momentos pero no lo van a hacer pues tienen excelentes relaciones con el país alauita. Los gobiernos españoles, que no el pueblo, siempre escurren el bulto en situaciones como ésta y luego nos sorprende el poco peso internacional que tiene un gran país como España. Quiero dejar claro que tengo gran cariño al pueblo marroquí, gente hospitalaria con grandes valores, las actuaciones de su gobierno desgraciadamente no tienen mucho que ver con el sentimiento de sus habitantes que tienen que luchar diariamente con problemas de subsistencia.