Ayer estuvo entre nosotros el Príncipe Alberto II de Mónaco, esa visita corta en tiempo e intensa en forma, que en Cantabria esperábamos con ilusión y de cuyas circunstancias y consecuencias seremos en un futuro, los primeros beneficiados.
Era como ha comentado el mismo, su primera visita a nuestra comunidad, y por el tono de sus comentarios sobre nuestra tierra y nuestros paisajes, no me cabe la menor duda de que ha sido de su total agrado y se ha llevado tras unas horas con nosotros, un grato recuerdo de Cantabria, los cántabros y las riquezas que su tatarabuelo ayudó a descubrir.
Tal y como estaba programada y siguiendo las indicaciones y planes realizados con anterioridad, ha sido una visita marcada por la premura de tiempo, ya que en pocas horas eran muchas las actividades a realizar y los lugares que visitar. Nos ha sorprendido y agradado sobremanera su aspecto sencillo y natural, su indumentaria informal y cómoda, y sus exquisitos modales unidos a una cercana amabilidad hacia las personas. No, realmente no ha sido una visita de rigideces y protocolos estrictos, sino una visita de trabajo, privada por su parte, para saber un poco más de ésta tierra y sobre todo para conocer lo que por ella realizó su antepasado. Todos sabemos sobradamente qué es el Principado de Mónaco, cómo se desenvuelve allí la vida marcada por el lujo, la riqueza y los famosos personajes que viven o tienen su residencia allí, y también sabemos del "glamour" que siempre despiertan las personas de la realeza en general, y del Principado de Mónaco en particular. Pues bien, el Príncipe Alberto en su visita a Cantabria, no ha podido mostrarse más alejado de ese mundo de fantasía y sueño, ni más cercano a éste mundo de conocimiento y cultura. Es de agradecer por nuestra parte las formas y modos de la visita, y estoy seguro que todos los que hemos tenido la ocasión de compartirla con él, tendremos las mismas sensaciones que expreso en estas líneas.
No ha habido multitudes, ni poses fotográficas, ni nada que no fuera hacer lo que debíamos hacer, es decir, mostrarle nuestros tesoros, mostrarle nuestra hospitalidad y expresarle nuestro agradecimiento a su familia, por lo que hizo su tatarabuelo y por lo que ha hecho él. No tengo ninguna duda de que si el impulso de su antepasado contribuyó a que hoy día tengamos varias cuevas declaradas Patrimonio de la Humanidad, lo que ha realizado hoy el Príncipe Alberto contribuirá a engrandecer en todo el mundo el conocimiento de Cantabria y sus tesoros.
Ha sido pues un día estupendo para Cantabria, que recordaremos con orgullo y satisfacción.
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