Efectivamente, de lo que se trata es de historia, de cultura y de patrimonio, así como de expresar nuestro reconocimiento y agradecimiento a un importante personaje de nuestros días, por el impulso, apoyo y mecenazgo que un antepasado suyo realizó para que nuestro patrimonio subterráneo haya alcanzado los máximos niveles de reconocimiento mundial.
Hace algo más de cien años, en 1909, el Príncipe Alberto I de Mónaco visitaba las excavaciones que se realizaban en varias cuevas de Cantabria por un equipo dirigido por los arqueólogos Hugo Obermaier y Henri Breuil. Aquellos trabajos, que contribuyeron a engrandecer el enorme patrimonio cántabro que hoy es Patrimonio de la Humanidad, estaban apoyados y financiados económicamente por el Príncipe de Mónaco. La visita que entonces realizó a nuestra tierra tenía por objeto ver la marcha de los trabajos y conocer en primera persona los avances y descubrimientos que se estaban realizando. Tras el previo descubrimiento de Altamira y los descubrimientos de éstas cuevas, la riqueza de patrimonio y los descubrimientos arqueológicos no han dejado de sucederse en Cantabria. Le debemos pues los cántabros a aquél generoso príncipe y mecenas, una enorme gratitud por su contribución al descubrimiento de nuestros tesoros. No debemos olvidar que aunque hoy día los patrocinios y mecenazgos estén a la orden del día y en cualquier sector y actividad, hace cien años no era tan habitual que alguien lo realizara, y menos aún que ése alguien fuera una persona de la realeza europea y en apoyo de investigaciones que no se realizaban en las tierras de su principado.
Por todo ello considero justo y necesario que los cántabros nos volquemos ahora con la visita que nos va a realizar su tataranieto, en las que va a conocer y visitar las cuevas y los tesoros encontrados gracias a su antepasado. Descubrirá una placa conmemorativa de la visita que realizó su tatarabuelo y le brindaremos toda nuestra hospitalidad para expresarle nuestro agradecimiento y reconocimiento por su apoyo.
Para nosotros los cántabros, debe ser un motivo de orgullo que un príncipe regente venga a nuestra tierra, conozca nuestra riqueza y apoye nuestra historia. Es un hecho fundamental y de alcance mundial, que con el tiempo valoraremos en su justa medida, la visita del próximo martes. La repercusión mediática que va a originar servirá para que el nombre de Cantabria y sus riquezas, aparezca en todos los medios y rincones del mundo. No debemos desaprovechar ésta ocasión para obtener un importante espaldarazo en nuestra difusión y promoción cultural y turística.
Por todo ello la visita por parte de Alberto de Mónaco a nuestra tierra debe ser entendida por su parte, como una visita privada para conocer todo lo que su antepasado impulsó y patrocinó, y por nuestra parte, como una muestra de agradecimiento a ese impulso y como una oportunidad para que Cantabria sea más conocida en el mundo. No se trata por tanto de una jornada con actos destinados a llenar páginas y páginas de las revistas del corazón y de los programas "rosas" de las televisiones, sino de una jornada para mostrar nuestra hospitalidad y gratitud, y para aprovechar la oportunidad que se nos presenta de cara a nuestra promoción en Europa y en el mundo.
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