En los últimos días se ha armado en nuestra comunidad un gran revuelo y no dejan de aparecer constantemente noticias de ello, acerca de la posible compra del Rácing de Santander por parte del empresario Alí Syed.
Soy consciente de que toda la comunidad y todos sus habitantes y especialmente los aficionados al fútbol, esperan y desean ansiosamente un final feliz para este asunto. Yo también lo deseo como máximo responsable del deporte de nuestra comunidad, y aún más lo desea nuestro presidente, aficionado y forofo donde los haya, que sufre como el que más cada minuto de la vida de nuestro Rácing, ya sea en el campo de fútbol o en los despachos donde se acuerdan los negocios y contratos.
Pero lo que está claro es que ninguno nos debemos dejar llevar por la pasión de nuestro equipo y las ganas que todos tenemos de que crezca, gane y se vaya convirtiendo en un gran equipo y en un equipo grande. Nada nos gustaría más ni nos produciría mayor satisfacción que esto ocurriera y cuanto antes mejor. Pero eso sí, con orden, con sentido común y sobre todo con seguridad de que todo lo que se haga, se haga correctamente, se cumplan todos los requisitos necesarios y sobre todo se den las garantías suficientes de que el equipo tendrá asegurado su futuro.
El mundo del fútbol de élite es un mundo muy especial, un mundo alrededor del cual se mueven muchos intereses y del que se ocupan diariamente los medios con gran profusión. Es un mundo en el que hay dos partes que deben funcionar correctamente para que las cosas no se tuerzan y terminen en finales desdichados.
Por una lado está la parte de la pasión, la parte visible del juego, la parte de la que disfrutan y con la que sufren miles y miles de personas, y que genera en los aficionados múltiples sentimientos y comportamientos que les hacen reír de felicidad cuando su equipo gana, y llorar de tristeza cuando su equipo de encuentra en dificultades. La parte deportiva, que depende de jugadores y técnicos, es la que determina en gran medida que un equipo crezca, que gane títulos y que su afición se incremente y se sienta orgullosa de su equipo. En éste aspecto, que tiene sus técnicos especializados y sus jugadores elegidos, poco podemos hacer los aficionados, sino esperar que con sus fichajes, sus entrenamientos y sus tácticas, lleven al equipo a lo más alto.
Pero luego está la otra parte, la que permite que esos jugadores y técnicos puedan salir todos los días a entrenar y la que permite que salten los domingos al césped de los estadios a intentar conseguir la victoria. Esa parte es la que consolida a un club y la que asegura su estabilidad, y es la parte económica y social. En ésta tierra hemos tenido alguna experiencia desagradable en ese aspecto, y estamos cansados de ver cómo en otros muchos lugares ha habido clubs que han desaparecido o han bajado a categorías muy inferiores por una pésima gestión económica y social. Y no queremos que esto se vuelva a repetir con nuestro Rácing, queremos asegurarnos de que todo lo que se haga sea con las garantías suficientes y con la seguridad de que dentro de muchos años seguiremos disfrutando de nuestro equipo. Y si es posible que sea con un equipo situado entre los más punteros, aún mejor, pero sobre todo que siga compitiendo y llevando nuestro nombre por toda España.
Por eso, y anteponiendo las ganas y la pasión que todos tenemos por ver a nuestro Rácing convertido en un equipo grande, hemos de sopesar con calma todas las circunstancias, hemos de analizar con detenimiento todos los documentos y condiciones, y cuando estemos plenamente convencidos de que todo está en orden, y sólo en ese momento, daremos nuestro visto bueno a la operación.
Que a nadie le quepa ninguna duda de que los primero que queremos todos es que el Rácing continúe por siempre en la primera división, pero eso sí, con seguridad y confianza de que será por muchísimos años.
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