No muchas veces tiene uno en la vida la ocasión de estar rodeado de elementos preciosos y joyas creadas por la naturaleza y por la mano del hombre.
De todos es sabido que el paso de los años tiene para las personas, a partir de una cierta edad, un efecto empobrecedor, ya que vamos perdiendo facultades físicas, capacidades intelectuales y generalmente belleza. Sin embargo, para las obras creadas por la naturaleza y para las creadas por la mano del hombre, el efecto es todo lo contrario, enriquecedor y embellecedor. Los buenos libros, según van pasando los años van siendo mejores, nos van enseñando más cosas y nos proporcionan nuevos sueños y experiencias. Las piedras preciosas adquieren con los años más valor, más exquisitez y elegancia, y más deleite en su observación. Cuando uno tiene ocasión de encontrarse rodeado de ambos, vive momentos de emoción que no es fácil describir.
El jueves he podido vivir uno de esos excitantes momentos en la presentación de las "joyas de ámbar" procedentes de El Soplao, en la Biblioteca Central de Cantabria. Imposible expresar en palabras la emoción de presentar las joyas de la naturaleza, ante un auditorio de cientos de miles de palabras encerradas en libros, que recogen la sabiduría humana, y que como mudos y sabios anfitriones recibían a las joyas de la naturaleza. Sentí igualmente una gran satisfacción de verme rodeado en tan grato momento, de numerosos amigos y personas que querían ver y conocer de primera mano éstas joyas nacidas en las entrañas de nuestra tierra. A todos ellos les agradezco sinceramente su presencia.
Y ya que hablo de la Biblioteca Central de Cantabria, no quisiera terminar éste post sin hacer una mención especial y un recordatorio del esfuerzo que estamos realizando para que todo aquel que lo desee, tenga acceso a los tesoros encerrados en sus estanterías. Hace pocas fechas hemos puesto en marcha una nueva iniciativa en éste sentido, posibilitando a los cántabros el acceso a la Biblioteca en fines de semana.
¡Cómo me gustaría que la Biblioteca se llenase cada día de cántabros en busca de conocimiento y entretenimiento, de lunes a domingo!. Y cuánto más me gustaría que los jóvenes, por propia iniciativa o aconsejados por sus padres y tutores, trasladaran sus horas de "botellón" a horas empleadas en la Biblioteca, y que llegara un día que dijeran entre ellos: ¿hacemos un bibliotecón?.
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