Francisco Javier López Marcano

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Pensar para decidir, pero antes"¦ decidir pensar

Cuando se ha decidido en la vida pensar, y después se piensa para decidir, uno puede dibujar un plano de situación, analizar posibilidades y alternativas, evaluar recursos y en función de todo ello, establecer unos objetivos claros de dónde quiere llegar, que caminos debe tomar para llegar, y cuánto tiempo y recursos serán necesarios para alcanzar la meta pensada.

Hay otros que no han decidido pensar y por tanto no piensan antes de decidir, y ello les lleva a actos sin criterio y palabras sin sentido, cuyos pocos resultados positivos, les empujan más y más hacia la obsesión. Y esa obsesión se traduce en una constante y permanente introducción de obstáculos en los caminos ajenos.

Cuando uno tiene objetivos marcados y caminos a seguir, tiene muy claro cuáles son las lindes del camino y las direcciones a tomar para no salirse de él y evitar así engorrosos e indeseados accidentes y retrasos, en cambio, los que viven en la obsesión, al no tener los caminos claros, no hacen más que aventurarse por extraños y peligrosos atajos que, las más de las veces, terminan en precipicios y acantilados sin retorno. En ésta situación se encuentran finalmente aquellos que, con la mínima excusa que encuentran, aunque la misma no tenga sentido y carezca del más mínimo rigor y certeza, hablan mal de lo que no saben ni conocen, y hablan aún peor de aquello que no se ajusta a sus gustos y apetencias.

Dice un escrito anónimo que "la mayoría de la gente puede ver los obstáculos, pocos ven los objetivos. La historia nos habla de los éxitos de estos últimos, mientras que el olvido es la recompensa de los otros".

Cuando las personas tienen objetivos claros y concisos, los exponen, explican y argumentan con el fin último de "convencer" a los demás de la bondad de tales objetivos. Cuando las personas no tienen objetivos claros sino obsesiones oscuras,  tienen un fin claro que no se contenta sino "con vencer" al resto de la gente, sea por la vía que sea.

Personalmente opino que es mucho mejor "convencer" a los demás sabiendo que ello te llevará a lograr los objetivos, que obstinarse "con vencer" a los demás aún a costa de seguir caminos absurdos y sin sentido.

Como dijo Diógenes, "tenemos dos orejas y una lengua para escuchar más y hablar menos". Algunos deberían aplicarse esta máxima.

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