Realmente son como niños, y como tales hablan y actúan. Parece que la madurez, el sosiego y la templanza que proporcionan los años, el caminar por la vida y la experiencia vital y profesional, no han podido hacerse un hueco en el complicado entramado de sus neuronas cerebrales, y mantienen ese nerviosismo típico de los pequeños, quienes tras recibir sus regalos y presentes por parte de los reyes magos, están deseando enseñarlos a sus familiares y amigos, para sacar pecho y sentirse los seres más importantes del mundo. Y esto, cuando se trata de niños y de juguetes e ilusiones, está realmente bien, es lo que debe ser y es como debe ser, pero cuando se trata de adultos, en completa y supuesta posesión de sus capacidades y aptitudes, puede resultar, como en éste caso, bastante ridículo.
Me explicaré.
Resulta que visto lo visto, al líder del partido de la oposición en Cantabria le deben haber traído los reyes en éstos días de festividades e ilusiones, ni más ni menos que unas cuantas y enormes vallas, en las que junto a una foto de nuestro querido rival político, aparecen unos cuantos mensajes destinados a convencer a la ciudadanía de Santander y del resto de Cantabria, de las bondades del citado político, y de las inmejorables y doctorales recetas para que todos los males de nuestra tierra queden arreglados en un "pis pas". Nuestro entrañable líder político debió quedar enormemente conmocionado por el maravilloso y estimulante presente recibido, y una vez comprobado que las vallas no debían caber en ninguna de las paredes de su casa ni de su sede de partido, decidió, ni corto ni perezoso, ubicarlas en diferentes lugares de Santander, para que se vieran bien y todo el mundo supiera lo bueno que había sido el pasado año y lo bien que, debido a ello, se habían portado con él los reyes magos. Y así, desde hace unos días, nos dice desde esos admirables, enormes y "supongo que muy costosos" soportes, las cuatro cosas que hacen falta para que Cantabria deje de ser una tierra de caos y confusión, y se convierta de la noche a la mañana en una tierra de esplendor, riqueza, alegría sin límites y sin uno sólo de los problemas que aquejan y padecen unos cuantos cientos de millones de habitantes de éste mundo y unas cuantas docenas de países de éste mundo. En fin, la auténtica receta para un "mundo feliz".
Y mientras algunos a los que nos da un cierto miedo esas recetas para un "mundo feliz", somos realmente felices con los calcetines, las camisetas o las corbatas que hemos recibido de sus majestades de oriente, y somos realmente conscientes de que los tiempos que vivimos son complicados y por ello debemos ser solidarios con los demás, otros nos muestran en plan "yo sé más que nadie y soy el mejor", sus ostentosos y costosos presentes.
En fin, como casi siempre, cada cual se retrata con sus acciones y omisiones. Que inseguridad deben tener para empezar su campaña con tanta antelación.
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