Muchas veces no somos lo suficientemente conscientes en el mundo occidental en que vivimos, de la gran suerte que tenemos de vivir y desarrollar nuestras leyes en democracia y libertad. Algunos pueblos europeos y americanos disfrutan de la misma desde hace décadas e incluso siglos, y tienen bien arraigadas en sus costumbres y en su cultura los resortes y mecanismos que proporciona la democracia y la voluntad popular.
Otros, como en el caso español, hemos tenido a lo largo de la historia numerosos vaivenes, y somos aún muchos millones de españoles los que vivimos y recordamos los oscuros tiempos de la dictadura. Afortunadamente existe una gran masa de población menor de los 30 años, que ha nacido ya bajo los auspicios de la democracia y que no conoce, más que por los libros y los medios de comunicación, lo que fue la España bajo la dictadura y lo penoso que resulta para cualquier ser humano, no tener la libertad de exponer y defender sin miedo sus ideas y puntos de vista.
Los que aún recordamos aquellos años y vivimos con entusiasmo la transición, no podemos dejar de sentirnos muy afortunados por haber podido vivir aquellos días y por el ejemplo de solidaridad y unión que entonces se produjo entre todos los ámbitos de la sociedad, políticos y económicos. Si aquellos dirigentes no hubieran antepuesto los intereses y necesidades generales a sus intereses partidistas y particulares, quizás hoy no estaríamos como estamos. Debemos pues agradecerles su generosidad y alabar el esfuerzo que realizaron para entre todos, ponerse de acuerdos en los objetivos fundamentales que a todos nos interesaban.
En nuestro caso fueron fundamentalmente dos grandes hombres, el Rey y Adolfo Suárez, quienes propiciaron e impulsaron la transición, acompañados del resto de políticos y partidos y respaldados finalmente por un pueblo entusiasmado y deseoso de libertad. En aquella sociedad de finales de los 70 y principios de los 80, había un sentimiento de cooperación y solidaridad que hoy, desgraciadamente, parece que hemos perdido en gran medida. Ahora somos más intransigentes, más insolidarios y mucho más desconfiados.
Sin embargo, sería bueno que no olvidáramos aquel espíritu, y para ello nada mejor que volver nuestra mirada a los recientes acontecimientos del norte de África. El pueblo de Túnez y el pueblo de Egipto acaban de dar al mundo una impresionante lección de lucha solidaria y pacífica, de solidaridad continua y sin fisuras, y de fuerza entusiasta por alcanzar y tener su libertad y decidir su propio futuro, que todos los pueblos deberíamos aplaudir y apoyar. No les han importado los miedos, ni las amenazas, ni los posibles castigos a los que se exponían, tenían claro lo que querían alcanzar, y se han mantenido en sus reivindicaciones hasta que lo han conseguido.
Dice un proverbio oriental que "si me engañas una vez que vergüenza para ti, si me engañas dos veces que vergüenza para mí". Pues bien, estos pueblos no se han dejado engañar una segunda vez con promesas falsas, palabras vacías ni discursos interesados. Espero y deseo que no se dejen engañar nunca más, porque los pueblos que son sabios, no perdonan nunca a aquellos que les engañan.
1 comentarios
Hola amig@s Con los acontecimientos de esta semana con la caída del régimen de Mubarak he querido rendir un homenaje a las gentes que han hecho posible esta revolución pacífica en Túnez y Egipto. Desgraciadamente muchos han muerto, no sabemos cuantos, pero algunos hemos aprendido que organizados y sin violencia se pueden conseguir cosas inimaginables. Espero que os guste. Link http://jaledibarra.blogspot.com/2011/02/democracia-en-el-mundo-arabe.html