Como no me apetece hablar del presidente, más que nada por haber comprobado una vez más que es un señor amargado, envidioso, maleducado, irresponsable institucional y políticamente y con una grave problema de inseguridad e incompetencia, prefiero imaginar que su persona se encarna en el dueño del burro de la historia que voy a contar, y que todos nosotros, cántabros y cántabras que sufrimos su presidencia, somos el propio burro. Y para que nadie se pueda sentir ofendido, yo me incluyo el primero en esa concepción de que somos el burro.
Pues bien, este hombre del que hablamos “heredó” de un familiar (al que por cierto envidiaba bastante), un burro y un negocio más o menos asentado consistente en el transporte de materiales utilizando para ellos al pobre animal de carga. El burro cumplía su misión a la perfección y su anterior dueño le cuidaba y se preocupaba de él para que estuviera siempre en condiciones de proporcionarle el mejor servicio.
Cuando nuestro hombre se hizo cargo del tema, debido a su egoísmo, a su desidia y a su mal carácter, comenzó a descuidar algunos aspectos, tanto del negocio como del animal que le servía de elemento fundamental para el mismo. Dejó de prestarle cuidado, le apaleaba sin sentido y sin razón, y el negocio comenzó a resentirse. Por una parte el pobre animal, maltratado sin razón, no cumplía su cometido con las mismas fuerzas y energías, lo cual llevó a que los clientes que utilizaban sus servicios, comenzaran a quejarse y a buscar otras formas de transporte. A la par que el negocio iba languideciendo, su nuevo dueño que pensaba que la culpa era del animal y que quería seguir ganando dinero sin esfuerzo, iba recortando dinero e iba prestando menos cuidados a su burro, comenzando incluso a disminuir algo básico y fundamental, como era la alimentación del animal. Cada día le iba dando de comer un poco menos. Aún así el burro resistía y continuaba trabajando.
Llegó un momento en que la disminución fue tal que el burro ya no comía nada, el hombre le había ido disminuyendo el alimento hasta la supresión total. Así el burro aguantó algunos días más, y el hombre, falto de luces, comenzó a pensar que podría proseguir con el negocio sin dar de comer al burro. Ignorante hasta el extremo, llegó a pensar que el animal se había acostumbrado a no comer, hasta que finalmente el burro, un buen día se desplomó en el suelo y murió.
El hombre, demostrando de nuevo sus escasas luces y su nula capacidad, se le quedó mirando y dijo: “vaya hombre, ahora que le había acostumbrado a no comer, va y se me muere”.
Bueno, creo que no hace falta añadir nada más.
6 comentarios
Con todos esos calificativos, habremos de concluir que el Presidente no es un Señor.
yo tampoco quiero ese dueño,ni para mi ni para cantabria.gracias
gran reflecion fijese usted que hasta medios de comunicacion tan poco sospechosos de ser pro-PSOE o ser pro-PRC ha pedido que Diego se vaya despues de sus salvajes recortes del jueves. Lealo señor Marcano que es interesante http://www.cantabriadiario.com/Editorial/cantabria-necesita-otro-capitan-de-barco.html
Desde luego un cuento-fábula en forma de parábola muy muy bueno, y, por consiguiente muy acertado para expresar lo que en nuestra Comunidad está ocurriendo. Y desde luego claro que no es necesario anadir nada más, puesto que a buen entendedor...
MUY BUENA REFLEXIÓN. ESPERO QUE LA GENTE SEPA QUIEN ES EL AMO Y QUIÉN EL BURRO; PORQUE EN EL PAÍS DE LO NULO, EL QUE MANDA ES EL ESCLAVO DEL QUE LE ORDENA...