Hoy en día todos los españoles nos enorgullecemos de nuestro deporte y nuestros deportistas. Vibramos de emoción con los triunfos de Rafa Nadal, volamos en el riesgo de los 300 kilómetros por hora cuando las cámaras nos suben al coche de Fernando Alonso, tocamos las alturas al ver a nuestros gigantes del basket triunfar en la NBA, saltamos listones cada vez más altos junto a Ruth Beitia, sufrimos encima de la bicicleta de Oscar Freire y estallamos en júbilo y gritos de alegría a ver a nuestra selección reinar en Europa, y deseo que muy pronto en el mundo entero.
Si, es cierto, todo esto es así, pero no lo sería si no se hubieran juntados dos realidades. La primera una generación de deportistas que nada tienen que envidiar a sus homólogos extranjeros, y la segunda unos cuantos años en que tanto la sociedad como los gobernantes hemos comprendido la importancia del deporte para nuestro desarrollo. Por ello, desde hace años se han venido realizando muchas inversiones en las infraestructuras deportivas necesarias para que esa magnífica generación, esté ahora obteniendo resultados admirables. Una clara demostración de los beneficios que reportan las inversiones acertadas.
Y como aún queda mucho por hacer, seguimos en ello destinando recursos a crear nuevas infraestructuras y a mejorar las existentes, para que las futuras generaciones nos deparen aún muchos más campeones, y para que nuestros jóvenes sigan teniendo referentes que les impulsen a un mejor y más sano desarrollo.
Y me complace enormemente y he de decirlo, con una íntima emoción personal, poder firmar hoy el contrato de adjudicación de las obras del nuevo estadio El Malecón en Torrelavega. Allí jugaban esos que yo de pequeño veía como gigantes, y en el nuevo jugarán los gigantes de las generaciones más pequeñas. Allí soñarán y se emocionarán como yo lo hice.
Y no quiero terminar este post sin expresar mi enorme satisfacción y alegría por nuestro Racing, que afortunadamente permanecerá en la primera división. Cantabria, que ya está en la primera división de las autonomías, debe aspirar siempre a estar en la primera división del deporte también. ¡Felicidades de todo corazón al Racing!.
2 comentarios
Mucho se ha hecho por parte de la Consejería de Cultura en lo que respecta a inversiones en infraestructuras deportivas. Las instalaciones deportivas, puestas a disposición de todo aquél que quiera practicar deporte, efectivamente han dado resultados magníficos en lo que respecta a logros deportivos de nuestros deportistas. Los de élite y de los de a pié. Todavía recuerdo cuando en mi pueblo iba a la escuela. En los recreos jugábamos al fútbol y teníamos como recinto deportivo la vieja carretera del pueblo. Como por ella no circulaba casi nadie (apenas había tránsito rodado), en un tramo de la misma colocábamos dos piedras en cada extremo del mismo que hacían de porterías y con unas simples rayas de tiza, que trazábamos de una cuneta a otra, marcábamos las líneas de área y del centro del campo y “hala” “a jugar”. Ni que decir tiene que las caídas en el asfalto provocaban úlceras sangrantes en rodillas, codos o cualquier parte del cuerpo. Y además, como escaseábamos de ropa deportiva casi siempre jugábamos con la ropa con la que acudíamos a la escuela: nos remangábamos el pantalón y la camisa y ese era nuestro equipo. Las consecuencias cualquiera se las puede imaginar: volvíamos a casa con la ropa hecha un asco y nuestras madres a coser los rotos, echar un remiendo al pantalón, para que siguiera sirviendo para equipar nos para ir a clase. En los pueblos también se ha avanzado mucho en la creación y acondicionamiento de instalaciones deportivas, pero, en efecto, todavía queda mucho por hacer.
En un momento en que las buenas noticias no son frecuentes debemos alegrarnos más si cabe cuando encontramos motivos como éstos. Somos una tierra acostumbrada a pelear cada gramo de éxito con dureza. Por eso no nos cuesta tirar para adelante apretando los dientes y derrochando energía. Descansemos un rato al borde del camino para disfrutar de lo bueno, que también lo hay. ¡Enhorabuena!