Son muchas y variadas las formas de que disponemos los gobernantes para devolver a los ciudadanos el valor del dinero que cada año pagan en sus impuestos, transformando este dinero en infraestructuras, servicios y calidad de vida. Sabemos que a veces caemos todos en la tentación de decir que pagamos muchos impuestos y no vemos los resultados de ello en las cosas que recibimos, pero nada más alejado de la realidad. Lo que ocurre simplemente es que hay una cadencia de tiempo que es inexcusable e insalvable. Los impuestos que nosotros pagamos hoy, se traducirán en resultados y servicios para la siguiente generación, de la misma forma que los servicios de que hoy disponemos, son gracias a los impuestos de nuestra anterior generación. Lógicamente esto debe interpretarse en un sentido amplio y genérico, ya que así vamos obteniendo y mejorando servicios e infraestructuras a más corto plazo. Pero en términos macroeconómicos, los desarrollos de un momento dado se deben a los crecimientos económicos de años anteriores, de la misma forma que la crisis actual se debe a errores cometidos algunos años atrás.
Pues bien, entre la enorme cantidad de asuntos a los que destinar el dinero público, hay en mi opinión uno que es fundamental y en el que no debemos escatimar esfuerzos, y no es otro que el de las infraestructuras.
Gracias al enorme desarrollo que hemos tenido en España en infraestructuras, hemos podido conseguir dos cosas muy importantes. La primera ocupar una gran cantidad de trabajadores y hacer crecer a un buen número de empresas durante los desarrollos de las infraestructuras. Asunto de primer orden que no debemos olvidar nunca. Y la segunda y no menos importante, dotarnos de un nivel de vida y de una calidad de servicios que nos han colocado en el pelotón de cabeza de las economías mundiales. Las infraestructuras generan trabajo y mejor desarrollo futuro, lo que a su vez genera nuevas posibilidades de trabajo para todos.
En lo que afecta a la Consejería de la que soy responsable, estas infraestructuras se centran en construcciones deportivas, culturales, protección del patrimonio y algunas más. La Consejería cada año ha venido realizando grandes esfuerzos para dotar de equipamientos deportivos y culturales a todos los municipios de Cantabria. En éstos momentos, y a pesar de que la crisis nos ha obligado a administrar con suma prudencia los dineros públicos, no hemos dejado de invertir en equipamientos, y prueba de ello es que en estos momentos tenemos 30 obras en marcha, algunas de ellas de grandes presupuestos y repercusión social, como el campo de fútbol de El Malecón, la piscina cubierta de Suances o sin ir más lejos, el pabellón polideportivo de Santillana del Mar, cuyas obras están muy avanzadas y tendrán su finalización en los próximos meses.
Todas estas obras, unas de mayor presupuesto y volumen que otras, contribuyen hoy día a que tengamos un gran número de personas empleadas en los trabajos, a través de las empresas adjudicatarias de las obras. Así contribuimos a paliar en la medida de nuestras posibilidades el desempleo que nos invade y la crisis que nos acosa, pero no sólo eso, sino que además estamos poniendo las bases para que en un tiempo cercano, haya muchos jóvenes que puedan utilizar esas instalaciones, formarse deportivamente y quién sabe si a raíz de ello, surja en el futuro algún que otro campeón, que lleve el nombre de Cantabria y de su localidad por todos los rincones del mundo. Cuando esto se produzca, también estaremos generando más beneficio para el futuro, y mientras tanto los jovenes, en lugar de estar en la calle ociosos, podrán disfrutar de un lugar en el que hacer deporte y aprender a desarrollar sus facultades físicas.
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