Dicen que casi todos los asuntos en la vida se pueden solucionar de una forma más o menos adecuada, siempre que se reflexionen, se hablen, se discutan entre las partes implicadas y se lleguen a acuerdos que, lejos de satisfacer en su integridad a una u otra de las partes, encuentren un punto en común a partir del cual puedan, cediendo cada parte lo justo y necesario, llegar a un entendimiento más o menos satisfactorio para todos.
Es verdad que en la política, como en tantos otros aspectos de la vida, existen principios, ideales y proyectos en cada uno de los partidos existentes, ya sean de izquierdas, de derechas o de centro, y ya sean nacionales, regionalistas o locales, que en principio constituyen su base de pensamiento y por lo tanto, serían irrenunciables para cada uno de ellos. Sí, esto es verdad, pero también lo es que las ideas y principios de los partidos políticos se basan siempre en una teoría y unas condiciones que no son las que normalmente encontramos en el devenir diario de la vida.
También es verdad que cuando trasladamos estos principios e ideales a nuestros militantes, a los ciudadanos y a la población en general, muchas veces caemos en el error de considerar las cosas como si se desarrollaran "in vitro", es decir, en un laboratorio aséptico, alejado de toda influencia externa, no afectado por las condiciones sociales, culturales y económicas que son cambiantes, y por tanto algo "difícilmente trasladable" a la realidad social.
Es por todo lo anterior que a veces, las personas que tenemos responsabilidades de gobierno, hemos de tomar medidas, adoptar decisiones y aprobar leyes que seguramente no nos gustarían desde el punto de vista de nuestros principios e ideales, pero que son total y absolutamente necesarias para que la sociedad sea más justa, para que los ciudadanos tengan más oportunidades, y para que la calidad de vida y el trabajo tengan unos mínimos que nos permitan a todos vivir con dignidad, resolver nuestros problemas con suficiencia y plantearnos el futuro con confianza. Cuando esta situación ocurre, hemos de ajustar nuestros pensamientos y principios a las necesidades reales de la vida y las personas, y hemos de varias nuestros criterios de valoración de las cosas y nuestros criterios de actuación ante ellas. Y créanme que a veces resulta doloroso y difícil. A nadie le gusta no poder ayudar suficientemente a quien lo necesita, a nadie le gusta negarle los medios a quien carece de ellos y a nadie le gusta recortar las ayudas a quien no las tiene. Pero las cosas son así, y nos toca ahora sacrificar algo el presente, para poder seguir teniendo y confiando en el futuro. Son criterios diferentes para situaciones diferentes.
Pero lo que no resulta muy comprensible son las "ideas fijas", es decir aquellos cuyo principio y discurso constante e invariable consiste en decir que todo lo que hacen los demás es una catástrofe, que todo se hace mal y es ruinoso, mientras que todo lo que uno haga es perfecto, es lo mejor y lo más adecuado. Con personas así es difícil entenderse y llegar a ningún acuerdo, fundamentalmente porque son ellos mismos los que no quieren nunca llegar a ningún acuerdo. Lástima, se podrían encontrar puntos en común alguna vez, a poca voluntad que pusieran.
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