Existen muchas formas de que los pueblos del mundo avancen y progresen y transformen sus hábitos y formas de vida para dotarles de mayor calidad. En los últimos años ha sido la revolución tecnológica la que ha proporcionado empresas y países que se han colocado a la cabeza del desarrollo mundial. Anteriormente fue la innovación y el enorme desarrollo de los medios escritos y audiovisuales los que nos proporcionaron una nueva visión del mundo. Antes incluso fue la revolución industrial y antes de ello la transformación de las sociedades feudales medievales con unos pocos ricos y muchísimos pobres, en sociedades más iguales, más abiertas, más equilibradas y más justas.
A todo ello han contribuido las ideas, los avances en investigación, los descubrimientos de nuevos campos y oportunidades, el esfuerzo colectivo y el acceso de las poblaciones del mundo a mayores oportunidades de conocimiento y formación. Por supuesto siempre ha sido, es y será necesario que todo ello vaya acompañado de un desarrollo económico que permita la circulación del dinero, la generación de oportunidades de crear empresas y hacerlas crecer, y la creación de puestos y oportunidades de trabajo para la gran mayoría de la población.
Pero hay algo como fondo y base de todo ello que siempre ha estado presente en aquellos pueblos que han conseguido destacar en algún momento de la historia, y es algo que hace que estos pueblos hayan conseguido consolidar sus desarrollos evitando ser historias efímeras y pasajeras. Y ese algo no es otra cosa que "la cultura".
Efectivamente, a lo largo de la historia hemos visto como sólo los pueblos en los que la cultura ha sido accesible y permeable a la población, han sido los pueblos elegidos para propiciar y desarrollar los cambios sociales, los cambios económicos y los progresos del mundo. Ha habido demasiados ejemplos a lo largo de la historia de cómo, dirigentes y gobernantes a los que solo les preocupaba su poder y su riqueza, siempre tomaban como una de sus primeras medidas para conseguirlo la supresión y restricción de la cultura, y siempre bajo la premisa de que un pueblo sin cultura es un pueblo esclavo, un pueblo sin ideas y un pueblo sometido y sin capacidad de elegir su futuro y participar en el desarrollo del mismo.
Por ello la cultura es un bien universal que hace a los pueblos mejores, más ricos en ideas y conocimientos, y por tanto más y mejor preparados para alcanzar logros importantes en cualquier campo, ya sea la industria, el comercio, la investigación, el desarrollo tecnológico y el progreso social.
Esto me lleva a la conclusión final de que en estos momentos en los que la crisis nos invade, y los recursos económicos escasean, debemos todos hacer un esfuerzo en todos los ámbitos para gastar menos, ahorrar más y sobre todo invertir mejor. En la cultura no somos ajenos al mundo actual, y por ello también hemos debido recurrir a recortes, ajustes, algunas congelaciones de proyectos que no supresiones definitivas, y en definitiva a apretarnos el cinturón, tratando de mantener al máximo y en los máximos niveles la actividad cultural, necesaria e imprescindible para todos. Por ello defendemos que cultura y economía, si. Nos ajustamos económicamente y hacemos el esfuerzo necesario para compensar con buenas ideas, la falta de recursos.
Pero en lo que no puedo estar de acuerdo y no puedo callar la voz, es en aquellas ideas y aquellas personas que lo único que pretenden es realizar una "economía de la cultura", es decir en rebajar la importancia que la cultura tiene, llevarla a un segundo nivel y dejarla olvidada como algo superfluo que no vale para el mundo mercantil que nos ha tocado vivir. Esas ideas y esas personas realmente me producen desconfianza y miedo. Desconfianza porque aquél que relega la cultura a un rincón y la considera banal, superflua y de un nivel secundario, es alguien cuyos valores humanos y sociales dejan bastante que desear. Y miedo porque aquél cuyos valores humanos y sociales dejan bastante que desear, nunca se sabe hasta dónde puede llegar para satisfacer sus ambiciones de poder y dinero.
No señores, la cultura es la base del progreso, la base del conocimiento y del crecimiento social, y la base fundamental para que los hombres y las mujeres que compartimos el mundo, tengamos también capacidad de diálogo, capacidad de tener, exponer y defender nuestras ideas, y capacidad de convivir con los que piensan como nosotros y los que piensan otra cosa.
Suprimir la cultura es ignorar la historia (el pasado), degradar el presente y despreciar el futuro.
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