Quiero decir y dejar claro en primer lugar que yo soy fumador y que por tanto soy uno más de los millones de personas en nuestro país que se ven afectados en mayor o menor medida por la nueva ley del tabaco. Por tanto mi opinión y lo que exprese en éstas líneas, no puede ser considerado nunca desde el punto de vista subjetivo de alguien que no fumara, sino todo lo contrario, es una opinión de un fumador desde hace muchos años, pero de un fumador que por encima de todo es persona que acata y respeta las normas y las leyes, y por encima de todo que intenta siempre ser objetivo e imparcial en el respeto al prójimo y que comprende que la libertad de uno siempre termina donde empieza la agresión a la libertad del otro.
Dicho esto, en primer lugar debo decir que la ley es severa y muy rígida, probablemente más que la que impera en muchos de los países de nuestro entorno, pero es la ley aprobada en el parlamento español, y por tanto la ley aprobada por los representantes del pueblo, y por ello, debe ser una ley buena para los ciudadanos y buena para la sociedad. A pesar de que a muchos de nosotros nos afecte en nuestros hábitos y costumbres, y nos obligue a modificar ciertas normas de comportamiento, no por ello debemos pensar nunca en saltarnos la ley, ni en aferrarnos a su bondad o no para justificar comportamientos personales y empresariales.
Como toda ley, a unos les parecerá buena y a otros, no tan buena. Los no fumadores la aplauden y los fumadores la critican, pero si hemos de reconocer algo, es que es una ley que lo que persigue es proteger la salud de todos, y sobre todo evitar que aquellos que no son fumadores, estén expuestos a humos y olores que no les son agradables ni saludables. Las personas desean tener buena salud y se procuran los medios y cuidados para ello, y los fumadores no tenemos derecho a alterar esos cuidados con nuestro vicio y nuestros humos.
Todos somos conscientes de que es mejor y más sano no fumar, aunque algunos lo hagamos desde hace mucho y nos resulte casi impensable pensar en dejarlo. Tenemos toda la libertad para hacerlo, como la tenemos para muchas otras cosas, pero esa libertad nunca debe de agredir a la libertad de los que han elegido no hacerlo.
Los empresarios hosteleros se vienen quejando de que esta ley les está originando cuantiosas pérdidas, ya que la gente que no puede fumar mientras se toma un café o un refresco, en lugar de tomárselo sin fumar y hacerlo luego en la calle, prefieren no tomar el café. Puede que sea cierto y que en los primeros meses ocurra esto, pero estoy seguro que poco a poco la situación se irá reconduciendo y al final todos comprenderemos que tomar un café y fumar un cigarro no es imprescindible hacerlo a la vez, a no ser que nos encontremos en nuestro domicilio, y que no pasa nada por tomar ese café y luego, en la calle y en lugares que no molestemos a los que no fuman, nos fumemos tranquilamente nuestro cigarro sin molestar a nadie.
De la misma forma que a todos nos molesta entrar en un bar o restaurante que no tenga bien resuelto el problema de los olores de las cocinas y los aceites, y percibamos un ambiente cargado, debemos comprender que a los que no fuman se añade además el olor del tabaco y el aire viciado con el humo.
No seamos egoístas, acatemos y cumplamos la ley y busquemos las soluciones que nos permitan, a los que queramos, seguir disfrutando de nuestros cigarros. Y los empresarios hosteleros seguro que dentro de unos meses, cuando todos nos hayamos adaptado a la ley y hayamos encontrado la manera de satisfacer nuestros hábitos, volverán a tener sus establecimientos con el mismo nivel de clientes que antes de la ley. Entonces, cuando ya ni nos acordemos de la ley, cuando el aire limpio impere en todos los lugares y establecimientos públicos, todos estaremos más satisfechos.
Mientras tanto todos, personas particulares y empresarios y gestores de establecimientos hosteleros, deberemos ser creativos e imaginativos, para que todos podamos satisfacer nuestras necesidades, las personas que fumamos encontrando los lugares y formas en las que satisfacer nuestro hábito, y los empresarios encontrando las formas que hagan que sus clientes no dejen de acudir a sus establecimientos y que sus cuentas de resultados no se vean afectadas. No debemos de quejarnos sino de buscar la forma de que todos estamos más agusto.
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